autoras:liliana velandia
nathalya hernandez
url : http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-8526547La peor educación
En tertulias públicas o académicas, en columnas y editoriales, hombres y mujeres pensantes parecen concluir que la transformación de la sociedad y el desarrollo de sus individuos depende, esencialmente, de la educación. Que, con una buena educación, los muchachos de ahora serán capaces de cambiar el mundo del mañana. Una buena educación sería, grosso modo, la entrega de conocimientos y habilidades que permitiría a niños y jóvenes realizarse como individuos útiles de su sociedad. Una formación liberadora, que los estimule a pensar por sí mismos, interpretar el mundo que habitan y mejorarlo.
Los expertos insisten en la vital importancia de educar desde la infancia, para que los niños desarrollen su capacidad crítica y no asuman modelos impuestos. Padres de familia e instituciones docentes, miembros del "consejo superior" de las comunidades existentes, deberían aunar esfuerzos en ese propósito constructivo, que fortalece en últimas la supervivencia de la especie, en el marco de unas reglas de juego tan éticas y transparentes como la educación deseada para todos los alumnos. Se dice y se escribe, pero casi nunca se hace. Más bien, todo lo contrario: se sellan pactos ilícitos. Extorsiones disfrazadas de bonos o donaciones. Silencios y carteras que pagan el chantaje. ¿Cómo acusar con nombre propio a los colegios que lo exigen, a sus rectores-gerentes, si la retaliación pueden sufrirla nuestros hijos, alumnos que son rehenes? Animados más por el dinero que por el compromiso de educar, muchísimas instituciones privadas del país exprimen los recursos de padres interesados en una educación de calidad para sus hijos, pero proclives a la extorsión, por miedo a la venganza. Algunos rectores argumentan, extraoficialmente, que sin los bonos no podrían dar la educación que ofrecen ni tener tan buenas instalaciones. Esta semana, una madre nos contó que el precio de los bonos de matrícula oscilaban entre 4 y 22 millones de pesos. Ella terminó pagando 4. Nada logré recordándole que los colegios no pueden cobrar ni recibir esta clase de aportes, prohibición que data de 1994, reafirmada en el 2008 con multas que van de los 25 a los 100 millones de pesos. Desde el 2003, el Ministerio de Educación permitió que los "mejores" colegios del país, certificados así por su modelo educativo, la idoneidad de su profesorado y la calidad de sus instalaciones, pudieran fijar libremente el valor de la matrícula para estudiantes nuevos, previa notificación a las secretarías de Educación, pero el ámbito está tan permeado por la corrupción que la resolución se ha convertido a veces en herramienta que avala las donaciones ilegales y evade el control oficial. Según algunos padres, ciertos colegios aplican hoy un sistema de crédito, de tal modo que si antes un padre debía "donar" 10 millones de pesos de un solo golpe, ahora puede pagarlo a lo largo del tiempo que dure el muchacho en la institución. ¿Por qué si dicen ser personas de ley, los dueños y rectores de esos colegios no debaten públicamente su escasez de recursos en busca de solución, en lugar de recurrir a métodos fraudulentos? ¿Cómo se sienten ellos, sus profesores, los padres de familia, los niños que se enteran, y las autoridades, sabiendo que todos perfeccionan y amamantan un delito? Hablamos de cientos de miles de millones de pesos. Y de numerosos colegios, de educadores que engañan e inducen a los padres de familia para que paguen la "donación" prohibida, mientras sacan pecho asegurándoles que la educación de sus hijos no podría estar en mejores manos que las suyas. Y los padres, ingenuos o tan educados como ellos, les creen.


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