jueves, 31 de marzo de 2011

DINERO A CAMBIO DE UN MUERTO

autores: liliana velandia y nathalya hernandez
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MUERTOS DE PRIMERA!!!!
Pocas veces son tan evidentes las diferencias. Por esclarecer la muerte de dos estudiantes de familias pudientes, el Gobierno de todos ofrece 500 millones; por conocer a los autores del crimen del nieto de un alcalde de pueblo, la Policía promete cinco. Y eso que al menos algo dan, porque por el medio millar de anónimos ciudadanos asesinados en Córdoba el año pasado no recuerdo una recompensa ni el envío desde Bogotá de un general y un bloque de búsqueda como refuerzos.


En todo caso, yo no perdería el tiempo cazando a un capo que es uno de tantos. Aunque capturen al fulano por quien ofrecen el platal mencionado, seguirán las muertes en el departamento costero, si bien ninguna merecerá tal despliegue de medios. La larga disputa entre mafiosos para hacerse con la salida al mar por el golfo de Morrosquillo, una ruta rentable para traficar droga, seguirá. Entre otras, porque hay consumidores de cocaína dispuestos a seguir alimentando la guerra. Supongo que este país es consciente de que cada vez que alguien -casi siempre de estrato alto- mete una raya de coca, está disparando una bala. ¿O acaso piensan que 'Urabeños', 'Paisas' y demás fauna criminal pelea y asesina por harina blanca? La cocaína mata. Y no a quienes la consumen, a juzgar por la buena salud que disfrutan personas mayores que sé que la metieron a raudales. La coca mata inocentes, como los estudiantes de los Andes o los 63 erradicadores que perdieron la vida arrancando matas. Sería bueno que cada vez que alguien del norte de Bogotá vuelva a estar frente a una línea de perica, recuerde los rostros de Margarita y Mateo y luego siga inhalando si le provoca. Yo no ofrecería ni medio peso por el jefe de los 'Urabeños'. Su detención resuelve entre poco y nada. Fuera él de combate, otro ocupará su puesto y luego otro. 

Sale más barato tomar conciencia de que los únicos que azuzan los carteles narcotraficantes son los consumidores. Como a españoles, norteamericanos, holandeses o rusos les vale huevo lo que aquí nos pase, al menos nosotros deberíamos rechazarla. No sólo mueren los campesinos, que a pocos importan, sino universitarios de familias de clase alta que se creían ajenos a la guerra. Mateo no vistió uniforme militar, ni batalló en la selva, ni cayó víctima de una mina, sino murió porque lo confundieron. Otra vida valiosa que perdemos de forma absurda. Y tampoco sirve de nada pagar por un traqueto mientras no resolvamos asuntos de fondo, como contar con una clase académica y empresarial más responsable. Tienen suerte de que la revolución sea cosa del pasado, porque las frases incendiarias que pronunciaron estos días para protestar por una pírrica subida de salarios son insumos para engordar bandas y odios. Todavía no se dan cuenta de que la paz social tiene un precio (el abuelo de Mateo, vaya ironía, es de los pocos que lo saben). En este país, los directivos ganan salarios europeos y pagan sueldos de esclavos. Estoy convencida de que los enfadados y sesudos dirigentes gremiales ni siquiera suman. Un cabeza de hogar mantiene esposa y dos hijos con 535.600 pesos. Él puede acudir al trabajo en bus (si solo coge dos) porque se lo subvencionan, pero para toda su familia no le alcanza. Si van en bus solo los hijos en días de semana, serían 136.000 pesos. El arriendo de una vivienda en el sur-sur bogotano son doscientos mil. Por los mínimos servicios, treinta mil. Eso le deja 169.600 para comida basura y sopa aguada, ropa, ocio e imprevistos. Los que logran llegar a fin de mes sin pasar excesiva hambre merecen ser ministros de Hacienda. ¿De verdad que el 4 por ciento de subida es un obstáculo al progreso, una talanquera a la creación de empleo? Hay que ser muy cínico para decir eso.

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